VIOLENCIA DE GENERO EN LOS MEDIOS.

Por Flor Monfort.
La violencia mediática ocurre delante de cámaras y micrófonos y refiere al ninguneo, la cosificación y el lugar que tienen las mujeres en los medios de comunicación. Pero además de lo que pasa “en el aire” hay otras violencias, que se manifiestan en la falta de voces femeninas, la invisivilización de lesbianas, trans y travestis o su utilización para burlas y estigmatizaciones varias mientras las mujeres siguen en un lugar decorativo o bullicioso. En la televisión es notorio, en los diarios es llamativo y en la radio es escandaloso: la presencia de mujeres al frente de contenidos con perspectiva de género es muy limitada. La semana pasada, el director de radio Nacional Córdoba censuró a una periodista en vivo y Ari Paluch acosó sexualmente a una sonidista y otras trabajadoras que compartieron espacio con él se animaron a contar sus pésimas experiencias: qué pasa cuando decimos basta y reclamamos el lugar que nos corresponde en un mapa de medios que nos excluye o nos reserva lugares secundarios, alejados de lo que demuestra la práctica de reunirnos cada año en los Encuentros Nacionales de Mujeres o en las movilizaciones de Ni Una Menos. Las fichas parecen reacomodarse cuando los cuerpos y palabras ponen límites al avasallamiento patriarcal.
“Geuna, no seas tarada, hablemos de política” le dijo en mayo de 2013 un eufórico Jorge Lanata a la periodista Luciana Geuna, panelista de su programa en radio Mitre “Lanata sin filtro”. Algunos medios recogieron la frase, que quedó suspendida en el aire porque la discusión sobre Lázaro Báez y el juez Casanello siguió su curso, imponiendo la palabra del conductor de hablar de lo importante: la medida judicial que complicaba a Báez y no las nimiedades de las que pretendía hablar, cuando no, una mujer. No sólo la insultó sino que le remarcó que no estaba hablando “de política”, que es precisamente aquello de lo que privan a las mujeres los medios de comunicación en general y la radio muy en particular: hablar de lo importante, editorializar, dar opinión con nombre y apellido y no atrás de seudónimos menospreciantes como aquel que durante décadas marcó a Florencia Ibáñez, la locutora de Ricardo Hanglin, como “pelito mojado”. Las mujeres en los medios ocupan un rol co-protagónico, muchas veces decorativo, en la radio porque tienen las voces bellas, en la tele porque portan los cuerpos llamativos o la tendencia natural de agarrarse de las mechas y en la gráfica, como no se las puede ver ni escuchar, simplemente no están para escribir de economía, deportes y política. Sí, en cambio, pueden explayarse sobre cultura, estilo y espectáculos. Ni qué hablar de esos reservorios que ocupan las firmas de mujeres cuando se arman espacios “femeninos” como son los suplementos o las revistas de moda. Pero aquello de Lanata y Geuna que quedó en la nada pasó hace 4 años, antes que Ni una menos irrumpiera como una bomba de tiempo en las calles de todo el país e irradiara su poder a todo el mundo. ¿Qué pasaría hoy si un periodista tildara de “tarada” a una colega en su mesa de trabajo? Algo ha cambiado para que Tinelli no corte más polleras y Sebastián Wainraich dedique un largo segmento de su programa a disculparse (torpemente) por haber festejado un relato de abuso sexual hacia una mujer por parte de un oyente.
La semana pasada, el director de radio Nacional Córdoba Orestes Lucero, irrumpió en el aire de “Sólo por hoy”, un programa conducido por la periodista, con más de 20 años de experiencia radial, Fabiana Bringas, mientras ella estaba entrevistando a María Isabel Huala, madre de Jones Huala, para decirle estas palabras: “Creo que lo que Ud. acaba de hacer está dentro de lo que se llama periodismo militante y radio Nacional es la radio de todos. No admite periodismo militante, tendencioso o subjetivo. La línea de radio Nacional es la falta de línea, son los hechos debidamente cronicados, con entidades y con representantes que podamos saber qué entidad tienen para hablar. Le estoy hablando como ciudadano, no como director. Le estoy hablando como director (sic), de achicar la grieta.” dijo enredado en un discurso de ira espontánea que claramente tiene al machismo como bandera disciplinadora. ¿Hubiera llamado Lucero a un conductor varón? Sin embargo Bringas y el gremio que la protege actuaron rápido, se declararon en estado de asamblea y repudiaron fuertemente el acto de censura. ¿Hubiera habido hace 4 años tantos reflejos para accionar frente a este atropello misógino? “Existen, como en todos los lugares de trabajo, subestimaciones hacia nosotras, pero yo nunca me resigné a eso. El periodismo no es solo machista también es racista, y yo que siempre me especialicé en pueblos originarios lo sé de memoria. Es un tema muy marginal, está invisibilizado totalmente: para el periodismo hegemónico somos todos blancos acá en la Argentina. Lucero me amenaza en la grabación con que “vamos a hablar” y esa reunión nunca se produjo. Yo ya dije a los compañeros y compañeras del gremio que no me quiero reunir con él. El primer día que pasó me sentí muy fuerte pero fueron pasando los días y me empecé a sentir más vulnerable. Voy a hacer una denuncia a nivel judicial, hubo violencia de género, abuso de autoridad y maltrato. Para que quede el antecedente y quede claro que lo que pasó no puede volver a pasar” dijo Bringas a Las12.
En el camino
Estamos en el medio de un camino arduo, complejo y anudado en prácticas que avalan equipos de trabajo compuestos casi exclusivamente por varones, como lo pueden comprobar las gráficas de las principales emisoras, incluso modernas y cancheras como puede ser la de Metro 951 y los números avalan un hashtag que desde hace unos días se volvió viral #FaltamosEnLaRadio, acompañado de un estudio que hizo el programa Nos quemaron por brujas (radio Presente), que concluye que sólo el 14 por ciento de las personas que trabajan en radio y que se especializan en Política son mujeres; en tanto que ellas ocupan mayoritariamente la locución (un 82 por ciento). NQPB monitorearon durante el mes de junio pasado las emisiones más escuchadas entre las 6 y las 10 de la mañana de AM y FM nacionales como Radio Mitre, Radio 10, La Red, AM 750, Del Plata, Continental, Rivadavia, La 100, Pop Radio, Aspen, Metro 951, Mega 98 y Vale y concluyeron que el 69 por ciento de las personas que conducen los programas más escuchados en AM y FM son varones. “Las columnas de Economía y Deportes son 100 por ciento desarrolladas por comunicadores o especialistas de esas materias; similar a lo que ocurre con el Humor, sección en donde ellos son, en un 100 por ciento, los protagonistas. En materia de Espectáculos, casi se alcanza la paridad: el 57 por ciento de las personas especializadas en televisión, revistas, cine y teatro son varones; en tanto que el 43 por ciento, mujeres”. Celeste Farbman, una de las conductoras del programa, agregó a través de
Twitter que pueden pasar 50 minutos de aire sin que suene la voz de una mujer. Ni qué hablar de la mención a lesbianas, trans o travestis que directamente no existen o son utilizadas para demostrar que la pluralidad no es un problema, como en el caso de Flor de la V lo fue para el show de Tinelli.
Las “chicas”
Ari Paluch fue denunciado por la sonidista de A24 Ariana Charrúa de tocarle el culo cuando ella estaba sacándole el micrófono. Eso mismo se puede ver en el video que circula desde que el periodista fue apartado de la señal de Daniel Vila. Su explicación a lo que es innegable gracias a ese video fue insólita (nunca sabremos qué pasaría si no existiera el registro porque a las víctimas siempre se le piden pruebas); dice Paluch que intentó hacerle un “give me five” a la compañera y sin querer le tocó “su parte íntima” porque quién en su sano juicio podría pensar que él, el autor del best seller El combustible espiritual, un hombre “prestigioso” como dijo en su descargo, que “coge seguido con su mujer y duerme cucharita con ella desde 1988, puede ir por la vida tocando culos”. Una débil perorata encabezada por el ninguneo a la denunciante: “hay tres sonidistas, David, uno que me dice “grosso” y la chica”. “Chica”, “piba”, “ojitos lindos”, “enana”, “pelito mojado”, el menosprecio desde el lenguaje y el hecho de omitir el nombre propio de la mujer en cuestión es parte del síntoma. Para la periodista Gabriela Borrelli Azara, con 20 años de experiencia en radio “lo que visibiliza la denuncia a Ari Paluch es cómo las mujeres estamos en los medios de comunicación. Trabajé muchos años de locutora y ahora de columnista y siempre las co-conductoras o acompañantes padecen el comentario “de color”, entretenido, sobre qué tienen puesto, qué tal el pelo, cómo la pasó el fin de semana. No sólo se avanza sobre su cuerpo sino sobre su vida sexual o amorosa, que siempre es objeto de burla o chiste entre los varones. Nunca un locutor no hizo referencia a lo que tenía puesto, a si tengo las tetas grandes, si soy petisa… Muchas veces se esconde el nombre y apellido de la locutora y se la nombra por un atributo físico “la peti”, “ojitos lindos”, “la morochaza”. Hay mucha vagancia intelectual por parte de los varones conductores que a veces no tienen malas intenciones pero no saben de qué otra manera relacionarse con las mujeres que haciendo referencia a sus atributos físicos”. Cuando esta cronista señaló en una columna de este suplemento que el conductor Andy Kusnetzoff avalaba con su silencio los abusos en el rock e insistía desde su columna “Da para darse” que cuando una mujer dice no en realidad quiere decir sí, él también hizo un descargo donde dijo “esta chica está equivocada”. En el ejercicio básico de intercambiar los géneros para imaginar qué hubiera pasado si el que escribía era un varón, cae de maduro que jamás hubiera dicho lo mismo de un periodista hombre. La operación es simple y repetida: infantilizar a las mujeres, llevándolas al extremo de considerarlas no interlocutoras, alguien que no puede discutir (como cuando se dice que no pueden hablar de fútbol porque no lo juegan), alguien que no está habilitado, que, de alguna manera, no existe. Annamaría Muchnik, conductora de un programa pionero en comunicación feminista como fue “Ciudadanas”, en la radio Belgrano de los 80, dice que a ella y a Marta Merkin solían llamarlas “las chicas”. “En ese momento, vuelta a la democracia, era una rareza total que haya un programa con dos conductoras mujeres que hablaran de aborto, derechos humanos y violencia de género, por eso no nos dábamos cuenta de otras cosas que pasaban por el costado de tener ese privilegio. Ahora, que las feministas tenemos otro entrenamiento para detectar los micromachismos me doy cuenta que había cierta tendencia a “mimarnos” porque éramos mujeres pero simplemente lo pasábamos por alto. Fue el tiempo y el ejercicio en pensar en el lenguaje sexista, por ejemplo, lo que nos hizo entender que ese apodo no era tan agraciado y escondía otras cosas”. Para Borrelli “hay algo que no me gusta que es perseguir a las que nos tragamos los sapos. Es tan difícil acceder al aire o conducir un programa que no se puede demonizar a la que lo hace. En mi caso, cuando fui la heredera natural de los espacios que por una u otra razón, un varón dejaba vacante, siempre buscaban un reemplazo. No se puede demonizar a la mujer que aguanta ni se trata de contar vaginas en los medios, de lo que se trata es de contar con una perspectiva feminista que nos abarque a todas, las que trabajamos adelante del micrófono y a las técnicas, como en el caso de la denunciante de Paluch. Hay muy pocas operadoras de radio, muy pocas musicalizadoras, y ellas muchas veces sufren bullying por machonas, por tortilleras o por putas”. Para la periodista y activista feminista Liliana Daunes, con más de 30 años de experiencia en radio “hago mis columnas radiales desde que me enuncio como activista feminista, no sin tener que pelear con uñas y dientes el espacio, las notas, las palabras. Traté siempre de no fumarme los comentarios machistas de los conductores, siempre traté de contestar con ironía, cada chiste sexista, cada ninguneo, y si no fue al instante fue al momento de mi columna. Pagando un precio, claro. El ser catalogada de amarga, de no tener humor, de ser irreverente y de andar siempre con la daga en la boca. Muchas veces me tildaron de pesada por el hecho de volver al tema tantas veces como creía necesario. También de insatisfecha. El precio es que intenten silenciarnos, por eso creo que en mi caso tuve poco trabajo”. Daunes llegó a conducir sus propios programas pero de Radio Nacional donde tenía aire con “Sonidos Agitadóricos” junto a Claudia Korol, fue levantada inmediatamente asumiera el macrismo, según ella por su manera radical de abordar el feminismo. “Las compañeras de la radio en asamblea por el Paro Nacional de Mujeres del 8 de marzo del año pasado, decidieron solicitarle a la dirección que reponga en su grilla a nuestro programa, cosa que por supuesto no se hizo pero me acarició el alma la solidaridad” dice. Por estos días hace radio en FM La Tribu también junto a Korol en un programa llamado “Espejos todavía” (martes de 17 a 18) y sigue como columnista de “Marca de radio”, con Eduardo Aliverti. “Creo que hemos caminado un largo camino, hoy hay muchas más comunicadoras feministas, por lo menos en los medios comunitarios, incluso algunos medios han hecho el trabajo para adentro de poder definirse como medios feministas (Radio Sur, La Tribu) y las que más tienen que pelear son las compañeras al aire. Sé que faltan voces de mujeres y fundamentalmente faltan mujeres con conciencia de género, conduciendo o contestándole al machirulo de turno. El patriarcado trabaja mucho sobre la idea de que lo único que hace falta es “una linda voz” y muchas mujeres me lo han dicho, a lo que he contestado “¿y te gusta cómo pienso?”. Faltan mujeres y falta sentido de clase también, en todos los medios”.
Volviendo al caso Paluch, saltan a la vista los vicios de siempre: el de pensar que la denunciante es una oportunista, quiere destruir al denunciado en cuestión o es un títere de un poder mayor que también quiere destruirlo. Paluch lo dijo abiertamente, que Ariana Charrúa busca fama, como si la fama que se expone cuando alguien que no está acostumbrada a la exposición de ningún tipo ni buscó con su profesión u oficio hacerse lugar delante de las cámaras y denuncia un caso de abuso, fuera una que pudiera derivar en un beneficio. Como en el caso del abusador Bambino Veira y Malena Candelmo (hoy Praxedes Candelmo Correa), que fue señalada, ridiculizada y puesta en duda una y mil veces en su exposición mediática y tapó la culpabilidad del victimario que cuenta con el apoyo del mundo del fútbol y la tribu de machos que lo han convertido, con los años, en un ídolo popular sin pasado ni prontuario.
Quien denuncia se expone a ser interrogada, atacada, mencionada hasta el cansancio en medios y redes sociales como está ocurriendo con Ariana y se arriesga a no ser habilitada como creíble e incluso de perder el trabajo. Es el tiempo del ejercicio feminista, la puesta de cuerpos en la calle y el estado de alerta, sororidad y movilización permanente los que permiten que una denunciante sea valorizada por su testimonio, el victimario apartado y los espacios de quienes denuncian el sexismo se abran para contener más comunicación con perspectiva de género. Un ejemplo claro es la casi nula cobertura del Encuentro Nacional de Mujeres, que ya cuenta con 32 ediciones y ninguna con los grandes medios dando cuenta de lo que allí sucede. En el último en Chaco, la radio Futurock hizo una transmisión especial. “Emplazamos la radio en la Peatonal y viajamos casi todas las mujeres que trabajamos en Futurock (somos doce). Tratamos de cubrir el espíritu del Encuentro porque entendemos que ahí siempre hay un vacío comunicacional. Los medios hegemónicos se encargan exclusivamente de comunicar los quilombos: si hay represión, hacen foco ahí. Hay paridad porque somos mitad y mitad y eso es algo que se dio naturalmente, no fue pensado. Mujeres al mando de la radio, mujeres al mando de programas, con una agenda de género muy clara e insistente. Todo esto con mucho humor, la cuestión de género está desde la columna deportiva a economía, todo el tiempo: no nos dedicamos solo a eso pero sí es un prisma con el que vemos la realidad” dice Julia Mengolini, una de las directoras del proyecto y conductora de “Segurola y Habana”. Para ella hay que valorar los pasos dados pero al mismo tiempo entender que son lentísimos y muy chiquitos. “Los medios de comunicación respecto de lo que es la mujeres en la vida pública no nos hacen justicia. Y en la radio en particular incluso es peor, por lo menos la tele tiene algunas conductoras mujeres, cumplimos un rol decorativo pero ves mas mujeres en tele incluso por los formatos viejos de la “parejita” que obliga a una paridad forzosa. Eso sí: nunca pasamos de los 40 kilos ni de los 40 años, mientras que los varones sí. Tampoco me parece que haya mujeres inteligentes ni que tengan un peso en la tele. Y en la radio es peor. Si ves la foto de las formaciones de las grandes radios, de la progre a la más fascista, todas están compuestas casi un ciento por ciento de varones. En Futurock estamos generando una identificación, y una identidad en una enorme porción de pibitos y pibitas que tiene al feminismo como una de sus banderas necesarias. Para nosotras hay un punto de no retorno y para el oyente también: el que se va de Metro, por ejemplo, que muchas veces nos dicen los y las oyentes que no la quieren escuchar más, no vuelve nunca mas”. Carolina Bisgarra, alumna de Locución Integral del ISER y vicepresidenta del Centro de Estudiantes dice que no hay una bajada institucional que incluya la perspectiva de género. “La sociedad es machista y la locución no es ajena a esto y hay muchísimos vicios del machismo en esta profesión, desde los estereotipos de las publicidades que tenemos que locutar, algunas cosas que no podemos cuestionar como locutoras que le vamos a poner voz a un aviso de un creativo al que se le ocurrió que la única que consume un producto de limpieza es una mujer. Históricamente, la imagen de la locutora que se ríe de lo que dice el conductor y pone linda voz y se va no está cuestionada desde la institución. Pero sí nosotras, particularmente las que comenzamos a deconstruirnos, somos las que estamos llevando adelante este debate a nivel institucional en el ISER, desde el Centro de Estudiantes impulsamos siempre espacios de reflexión con temas de género que es una de nuestras prioridades, ya desde el ciclo Ni Una Menos que hicimos en junio, charlas de diversidad sexual con compañeras del Mocha Cellis, incluso en la semana de la comunicación hubo una jornada especial sobre género y medios feministas. De alguna manera interpelamos y las que nos estamos construyendo para ser comunicadoras en el futuro tenemos todos estos factores en cuenta, no alcanza con solidarizarse cada 3 de junio. Yo incluso trato de llevar el tema a las aulas y dentro de la curricula porque me parece fundamental”.
En el diario no hablaban de tI
El documental “Sacar la voz: trabajadoras de prensa en tiempos de ajuste”, realizado por Mariela Bernárdez y Lorena Tapia Garzón asegura que según un Informe Global sobre la situación de las mujeres en los medios de comunicación a nivel mundial los varones son mayoría abrumadora en los medios: ocupan el 73 por ciento de los altos cargos y casi el 65 por ciento del trabajo periodístico. La investigación reveló que en nuestro país hay dos varones por cada mujer en las redacciones, y su presencia disminuye aún más en los cargos más altos: representan sólo el 15,4 por ciento de los accionistas y ocupan el 21,4 por ciento de los puestos directivos. Eso implica que no solo se tematiza en torno a lo que los hombres les interesa y preocupa sino que son ellos los encargados de gestionar la información y el personal que la editoriza. Gimena Fuertes, una de las protagonistas del documental, asegura que su propia experiencia laboral la llevó a ser delegada del diario Tiempo Argentino, cuando apenas hay 10 mujeres delegadas entre 110 hombres a cargo de las comisiones internas en las redacciones. Los titulares y las formas en que el periodismo gráfico se expresa en relación a las violencias machistas dan cuenta de una ignorancia generalizada, desde el caso de Melina Romero, “una fanática de los boliches” según tituló Clarín insinuando que algo de eso tenía que ver con su violento femicidio hasta la insistencia en la militancia política de Micaela García, pasando por la publicación de las fotos “provocativas” de Candela Rodríguez que insinuaban que era una chica altamente desarrollada para su edad. Las deportistas también tienen que cargar su peso cuando las destacan por sus curvas más que por sus logros: “La baloncestista serbia adicta a las selfies hot” de Infobae refiriéndose a Milica Dabovic o “Icardeó, lo pescó el amigo y tuvo que huir desnudo” de “La Mañana Neuquén” por una mujer brutalmente golpeada por su pareja. Y no solamente se escribe con sexismo y menosprecio, las noticias no nos tienen como autoras ni como protagonistas: según el Monitoreo Global de Medios (GMMP) en 2015 solamente el 29 por ciento de las personas sobre las que se lee, ve o escucha en las noticias de Latinoamérica son mujeres y sólo el 37 por ciento de las noticias publicadas fueron escritas o producidas por mujeres periodistas, una cifra que no varió globalmente en los últimos diez años.
El cambio social que arrojó a mujeres, lesbianas, trans y travestis a las calles no se refleja en las redacciones ni en la pantalla o radiofonía local: los tiempos de esos cambios pueden ser tan lentos como engorrosos para quienes la comunicación con perspectiva de género ya no tiene vuelta atrás. Las radios comunitarias, espacios virtuales como Economía Femini(s)ta o Emergentes se plantean como alternativas pero ¿cuánta gente sabe de su existencia o está preparada para digerir contenidos igualitarios? Sólo el tiempo dirá si la fórmula publicitaria de ellos tomando cerveza y evaluando mujeres como mercancía y ellas en la casa disfrutando del amoníaco odorizado, se evapora como los abusadores sin condena social.

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