¿QUÉ ES UN AGNÓSTICO?*

Nunca supe que yo era agnóstico. Ahora lo se gracias a Bertrand Russell.
Bertrand RussellUn agnóstico considera imposible saber la verdad en cuestiones tales
como las de Dios y la vida futura, de que se ocupan el cristianismo y
otras religiones. O, si no es imposible, al menos imposible en el
momento presente.

¿SON AGNÓSTICOS LOS ATEOS?
No. El ateo, como el cristiano, sostiene que podemos saber si hay o no
Dios. El cristianismo sostiene que podemos saber que existe; el
ateo, que podemos saber que no existe. El agnóstico suspende todo
juicio, diciendo que no hay suficientes razones ni para la afirmación ni
para la negación. Al mismo tiempo, el agnóstico puede sostener que la
existencia de Dios, aunque no imposible, es muy improbable; puede
incluso considerarla tan improbable que no valga la pena considerarla en
la práctica. En tal caso, no está muy lejos del ateísmo. Su actitud
puede ser la que mantendría un filósofo cauteloso con respecto a los
dioses de la Grecia antigua. Si se me pidiera que demostrase que Zeus y
Poseidón y Hera y el resto de los Olímpicos no existen, me vería
desamparado para encontrar argumentos concluyentes. El agnóstico puede
considerar al Dios cristiano tan improbable como los olímpicos; en tal
caso, y para todo propósito práctico, está en el mismo terreno que los
ateos.

PUESTO QUE NIEGA USTED LA “LEY DIVINA”, ¿QUÉ AUTORIDAD ACEPTA COMO NORMA
DE CONDUCTA?
El agnóstico no acepta ninguna “autoridad” en el sentido en que la
aceptan las personas religiosas. Estima que el hombre debe fijarse
normas de conducta por sí mismo. Desde luego, procurará beneficiarse de
la sabiduría de otros, pero tendrá que elegir por sí mismo las personas
que considere sabias, y no tendrá por incuestionable ni siquiera lo
éstas digan. Observará que lo que pasa por “ley divina” varía de vez en
cuando. La Biblia dice que una mujer no debe casarse con el hermano de
su esposo muerto, pero también dice que, en determinadas circunstancias,
sí debe hacerlo. Si usted tiene la desgracia de ser una viuda sin hijos,
con un cuñado soltero, le es a usted lógicamente imposible eludir la
desobediencia a la “ley divina”.

¿CÓMO SE SABE LO QUE ES BUENO Y LO QUE ES MALO? ¿QUÉ CONSIDERA PECADO EL
AGNÓSTICO?
El agnóstico no está tan seguro como algunos cristianos respecto a lo
que es bueno y lo que es malo. No sostiene, como sostuvieron en el
pasado la mayoría de los cristianos, que las personas disconformes con
el gobierno sobre abstrusos puntos de teología deban sufrir una muerte
dolorosa. Está contra toda persecución y es más bien parco en lo tocante
a la condena moral.

En cuanto al “pecado”, no lo juzga una noción útil. Admite,
naturalmente, que una clase de conducta sea deseable u otra indeseable,
pero sostiene que el castigo de la clase indeseable sólo ha de
recomendarse cuando es disuasivo o reformador, no cuando se inflige por
considerar que es bueno en sí mismo que lo sufran los perversos. Fue
esta creencia en el castigo vengativo la que impulsó a los hombres a
aceptar el infierno. Y ello es parte del daño causado por la noción del
“pecado”.

¿HA DE HACER EL AGNÓSTICO CUANTO LE PLACE?
En un sentido, no; en otro sentido, cada cual hace lo que le place.
Supongamos, por ejemplo, que usted odia a alguien tanto, que le gustaría
asesinarle. ¿Por qué no lo hace? Usted puede replicar: “Porque la
religión me dice que el asesinato es pecado”. Pero, como un hecho
estadístico, los agnósticos no se muestran más inclinados al asesinato
que otras personas; en realidad, más bien lo están menos. Tienen los
mismos motivos que otras personas para abstenerse del asesinato. Con
mucho, el más poderoso de esos motivos es el temor al castigo. En
situaciones donde no existe la ley, tales como en una estampida causada
por la fiebre del oro, toda suerte de gentes cometerán crímenes, aunque
en circunstancias normales habrían respetado la ley. No se trata sólo
del castigo legal efectivo; sino también del desasosiego que produce el
temor de ser descubierto, y la soledad al saber que, para evitar el
odio, será preciso llevar una máscara incluso ante las personas más
íntimas. Y también está lo que cabe llamar “conciencia”. Si alguna vez
pensase usted cometer un crimen, temería el espantoso recuerdo de los
últimos momentos de su víctima o del cuerpo sin vida. Todo ello,
ciertamente, depende de que usted viva en el seno de una comunidad
respetuosa con la ley, pero hay abundantes y seculares razones para
crear y conservar una comunidad así.

He dicho que hay otro sentido en que todo hombre hace lo que le place.
Nadie que no sea un necio sigue todos sus impulsos, pero lo que reprime
un deseo es siempre otro deseo. Los deseos antisociales de un hombre
pueden reprimirse por el deseo de agradar a Dios, pero también pueden
reprimirse por el deseo de agradar a los amigos, o de merecer el respeto
de su comunidad, o de poder contemplarse a sí mismo sin disgusto. Pero,
si no experimenta tales deseos, los meros y abstractos preceptos de la
moralidad no le mantendrán en el buen camino.

¿QUÉ OPINA EL AGNÓSTICO ACERCA DE LA BIBLIA?
Un agnóstico opina de la Biblia exactamente lo mismo que los clérigos
ilustrados. No cree que sea de inspiración divina; la considera historia
primitiva legendaria, y no más exactamente cierta que la relatada por
Homero; opina que sus enseñanzas morales son buenas a veces, pero muy
malas en ocasiones. Por ejemplo, Samuel ordenó a Saúl, en el curso de
una guerra, que matase no sólo a todo hombre, mujer y niño del enemigo,
sino también a todo su ganado ovino y bovino. Saúl, sin embargo, dejó
con vida al ganado, y por este hecho se nos dice que le condenemos.
Nunca he podido admirar a Elías por maldecir a los niños que se burlaban
de él, ni creer (como afirma la Biblia) que una Deidad benevolente
enviara dos osas para que matasen a los niños.

¿QUÉ OPINA UN AGNÓSTICO DE JESÚS, DEL NACIMIENTO VIRGINAL Y DE LA
SANTÍSIMA TRINIDAD?

Puesto que el agnóstico no cree en Dios, no puede creer que Jesús sea
Dios. La mayoría de los agnósticos admiran la vida y las enseñanzas
morales de Jesús según se relatan en los Evangelios, pero no
necesariamente más que las de otros hombres determinados. Unos le sitúan
al mismo nivel de Buda, otros le comparan con Sócrates y otros con
Abraham Lincoln. Ni tampoco piensan que lo que Él dijo sea algo
incuestionable, puesto que no admiten ninguna autoridad como absoluta.

Considera el parto virginal de María como una doctrina tomada de la
mitología pagana, donde tales partos no eran desusados. (Se dijo que
Zoroastro había nacido de una virgen; Ishtar, la diosa babilónica, es
llamada la Santa Virgen). No puede dar crédito a esto, ni a la doctrina
de la Santísima Trinidad, puesto que ninguna de ambas cosas es posible
sin la creencia en Dios.

¿PUEDE SER CRISTIANO UN AGNÓSTICO?
La palabra “cristiano” ha tenido varios significados diferentes en
épocas diferentes. Durante la mayoría de los siglos desde los tiempos de
Jesucristo, ha significado una persona que creía en Dios y en la
inmortalidad y sostenía que Cristo era Dios. Pero los unitarios se
llaman cristianos, aunque no creen en la divinidad de Cristo, y muchas
personas utilizan hoy la palabra Dios en un sentido mucho menos preciso
que el que solía encerrar. Muchas gentes que dicen creer en Dios ya no
se refieren a una persona, o una trinidad de personas, sino sólo a una
vaga tendencia o poder o propósito inmanente en la evolución. Otros,
yendo aún más lejos, entienden por “cristianismo” meramente un sistema
de ética que, siendo ignorantes de la historia, se imaginan es
característico de los cristianos.

Cuando, en un libro reciente, dije que lo que el mundo necesita es
“amor, amor cristiano, o compasión”, mucha gente pensó que eso
demostraba cierto cambio en mis puntos de vista, aunque, de hecho,
podría haber dicho lo mismo en cualquier momento. Si por “cristiano” se
entiende un hombre que ame a su prójimo, que sienta simpatía por los que
sufren y que desee ardientemente un mundo libre de las crueldades y
abominaciones que lo desfiguran en el presente, entonces, ciertamente,
estará justificado que se llame cristiano. Y, en este sentido, creo que
se encontrarán más “cristianos” entre los agnósticos que entre los
ortodoxos. Pero, por mi parte, no puedo aceptar tal definición. Al
margen de otras objeciones, parece tosca a judíos, budistas, mahometanos
y otros no-cristianos, quienes por lo que demuestra la historia, han
sido tan capaces como los cristianos, por lo menos, de practicar las
virtudes que algunos cristianos modernos reivindican arrogantemente como
distintivas de su propia religión.
También pienso que todos los que se llamaban cristianos en tiempos
pasados, y una gran mayoría de quienes lo hacen así en la actualidad,
consideran que la creencia en Dios y en la inmortalidad es esencial para
un cristiano. En este aspecto, yo no me llamaría cristiano, y debo
añadir que una agnóstico no puede ser cristiano. Pero, si la palabra
“cristianismo” viene a ser generalmente utilizada para significar
meramente una clase de moralidad, entonces será posible, sin duda, que
un agnóstico sea cristiano.

¿NIEGA EL AGNÓSTICO QUE EL HOMBRE POSE ALMA?
Esta interrogante carece de significado preciso, a menos que demos una
definición de la palabra “alma”. Supongo que lo que se quiere significar
con ello, aproximadamente, es algo no material, que persiste a lo largo
de la vida de un persona, e incluso, para aquellos que creen en la
inmortalidad, durante todo el tiempo futuro. Si esto es lo que se quiere
significar, no es probable que el agnóstico crea que el hombre tiene
alma. Pero debo apresurarme a añadir que esto no significa que el
agnóstico deba ser materialista. Muchos agnósticos (incluyéndome yo)
abrigan tantas dudas respecto a cuerpo como respecta al alma, pero ésta
es una larga historia que le lleva a uno a una metafísica erizada de
dificultades. Yo diría que la mente y la materia, por igual, no son más
que símbolos convenientes para el discurso, pero no cosas realmente
existentes.

¿CREE EL AGNÓSTICO EN EL MÁS ALLÁ, EN EL CIELO O EL INFIERNO?
La cuestión de si la gente sobrevive a la muerte es una cuestión con
respecto a la cual es posible la demostración. Muchos piensan que la
investigación psíquica y el espiritismo proporcionan esa demostración.
El agnóstico, como tal, no adopta un criterio respecto a la
supervivencia, a menos que piense que hay pruebas en un sentido u otro.
Por mi parte, no pienso que haya ninguna razón sólida para creer que
sobrevivimos a la muerte, pero estoy abierto a la convicción si aparecen
pruebas adecuadas.
El cielo y el infierno son cuestiones diferentes. La creencia en el
infierno está ligada a la creencia de que el castigo vengativo del
pecado es cosa buena, independiente por completo de todo efecto
reformador o disuasivo que pueda encerrar. Difícilmente creerá ésto
ningún agnóstico. En cuanto al cielo, cabría concebir que algún día
hubiese pruebas de su existencia a través del espiritismo, pero la
mayoría de los agnósticos no creen que existan tales pruebas, y, por lo
tanto, no creen en el cielo.

¿NO TEME NUNCA AL JUICIO DE DIOS POR NEGARLE?
De ninguna manera. También niego a Zeus y Júpiter y Odín y Brahma, pero
ello no me ocasiona ningún escrúpulo de conciencia. Observo que una
porción muy amplia de la especie humana no cree en Dios, y no sufre por
ello un castigo visible. Y, si hubiera Dios, considero muy improbable
que tuviera una vanidad tal, que le ofendiesen aquellos que dudan de su
existencia.

¿CÓMO EXPLICAN LOS AGNÓSTICOS LA BELLEZA Y ARMONÍA DE LA NATURALEZA?
No sé donde se supone que se encuentra esa “belleza” y esa “armonía”. En
todo el reino animal, las bestias se destruyen implacablemente. La
mayoría de ellas o son cruelmente muertas por otras bestias, o mueren
lentamente de hambre. Por mi parte, soy incapaz de ver una gran belleza
o armonía en la solitaria. Que no se diga que esta criatura nos fue
enviada como castigo a nuestros pecados, porque tiene un predominio
mayor entre los animales que entre los seres humanos. Supongo que quien
formula la pregunta está pensando en cosas tales como la belleza de un
firmamento estrellado. Pero debe recordarse que las estrellas estallan
de vez en cuando, y reducen a una vaga niebla cuanto se halla en sus
proximidades. La belleza, en todo caso, es subjetiva y solamente existe
en el ojo del que observa.

¿CÓMO EXPLICAN LOS AGNÓSTICOS LOS MILAGROS Y OTRAS REVELACIONES DE LA
OMNIPOTENCIA DIVINA?
Los agnósticos no creen que exista ninguna prueba de “milagros” en el
sentido de sucesos contrarios a la ley natural. Sabemos que se da la fe
curativa, pero en ningún sentido es milagrosa. En Lourdes ciertas
enfermedades pueden curarse y otras no. Las que pueden curarse allí
probablemente puede curarlas también cualquier médico en quien tuviera
fe el paciente. En cuanto a otros milagros, tales como el de Josué
ordenando al sol que se detuviera, el agnóstico se desentiende de ellos
como de simples leyendas e indica el hecho de que todas las religiones
disponen abundantemente de tales leyendas. Tanta prueba milagrosa hay
respecto a los dioses griegos de Homero como en la Biblia respecto al
Dios cristiano.

HA HABIDO PASIONES BAJAS Y CRUELES, A LAS CUALES SE OPONE LA RELIGIÓN.
SI SE ABANDONASEN LOS PRINCIPIOS RELIGIOSOS, ¿PODRÍA EXISTIR LA HUMANIDAD?
La existencia de pasiones crueles y bajas es innegable, pero no
encuentro en la historia pruebas de que la religión se haya opuesto a
esas pasiones. Por el contrario, las ha santificado y ha posibilitado
que la gente las abrigase sin remordimiento. Las persecuciones crueles
han sido más comunes en la cristiandad que en ninguna otra parte. Lo que
parece justificar la persecución es la creencia dogmática. La bondad y
la tolerancia sólo prevalecen en la medida en que decae la tendencia
dogmática. En nuestros días, ha surgido una nueva religión dogmática: el
comunismo. A éste, como a otros sistemas dogmáticos, se opone el
agnóstico. El carácter persecutorio del comunismo actual es exactamente
igual al carácter persecutorio del cristianismo en siglos anteriores. El
que el cristianismo se haya hecho menos persecutorio se debe a labor de
los librepensadores, que han hecho a los dogmáticos un tanto menos
dogmáticos. Si fuesen ahora tan dogmáticos como en otros tiempos,
seguirían pensando que era justo quemar herejes en la hoguera. El
espíritu de tolerancia que algunos cristianos modernos consideran como
esencialmente cristiano es, de hecho, un producto del temperamento que
admite la duda y se muestra receloso respecto a las certidumbres
absolutas. Estimo que cualquiera que estudie la historia pretérita con
espíritu imparcial, llegará a la conclusión de que la religión ha
causado más sufrimientos de los que ha impedido.

¿CUÁL ES EL SIGNIFICADO DE LA VIDA PARA EL AGNÓSTICO?
Me siento inclinado a responder con otra pregunta: ¿Cuál es el sentido
del “significado de la vida”? Supongo que lo que se quiere significar es
algún propósito general. No creo que la vida en general tenga ningún
propósito. Sucedió, simplemente. Pero los seres humanos individuales
tienen propósitos, y no hay nada en el agnóstico que les impulse a
abandonar esos propósitos. Naturalmente, no pueden tener la seguridad de
alcanzar los resultados que se proponen; pero cualquiera pensaría mal de
un soldado que rehusase combatir, a menos que tuviese asegurada la
victoria. La persona que necesita de la religión para mantener sus
propios propósitos es una persona timorata, y no puedo pensar tan bien
de ella como del hombre que prueba fortuna, admitiendo que no es
imposible la derrota.

NEGAR LA RELIGIÓN, ¿NO SIGNIFICA TAMBIÉN NEGAR EL MATRIMONIO Y LA CASTIDAD?
De nuevo, se impone responder con otra pregunta: Quien formula esta
pregunta, ¿cree que el matrimonio y la castidad contribuyen a la
felicidad terrena aquí abajo, o considera que, aunque causen dolor aquí
abajo, debe abogarse por ellos como medio para alcanzar el cielo? El que
adopte el último punto de vista pensará, sin duda, que el agnosticismo
conducirá a la decadencia de lo que él llama virtud, pero tendrá que
admitir que lo que él llama virtud no es lo que provee la felicidad de
la especie humana aquí en la Tierra. Si, por otra parte, adopta el
primer punto de vista, es decir, que hay argumentos terrestres en favor
del matrimonio y la castidad, también ha de admitir que esos argumentos
son de tal índole, que resultan susceptibles de atraer a un agnóstico.
Los agnósticos, como tales, no sustentan criterios distintivos respecto
a la moralidad sexual. Pero la mayoría de ellos admitirán que hay
argumentos válidos contra la satisfacción sin trabas de los deseos
sexuales. Sin embargo, esos argumentos los extraerían de fuentes
terrenales y no de supuestos mandamientos divinos.

¿NO ES UN CREDO PELIGROSO LA SOLA FE EN LA RAZÓN? ¿NO ES IMPERFECTA E
INADECUADA LA RAZÓN, SIN LEY ESPIRITUAL Y MORAL?
Ningún hombre sensato, por muy agnóstico que sea, tiene “fe solamente en
la razón”. La razón se ocupa de cuestiones de hecho, unas observadas,
otras deducidas. La cuestión de si hay una vida futura y la cuestión de
si hay un Dios se refieren a cuestiones de hacho, y el agnóstico
sostiene que deben ser investigadas de la misma forma que la cuestión
“¿Habrá mañana un eclipse de Luna?”. Pero las cuestiones de hecho,
solas, no son suficientes para determinar la acción, puesto que no nos
dicen qué fines debemos perseguir. En el reino de los fines, necesitamos
algo más que la razón. El agnóstico hallará sus fines en su propio
corazón y no en un mandamiento externo. Pongamos un ejemplo: Supongamos
que usted desea ir de Nueva York a Chicago por ferrocarril; hará uso de
la razón para averiguar cuándo parten los trenes, y se consideraría
bastante estúpida a cualquier persona que creyera poseer alguna facultad
de penetración o intuición que le permitiera prescindir de la guía de
los ferrocarriles. Sin embargo, ninguna guía podrá decirle si es o no
prudente ir a Chicago. Sin duda, al decidir que sí lo es, el hombre en
cuestión habrá de tener en cuenta otras cuestiones de hecho; pero,
detrás de todas las cuestiones de hecho, estarán los fines que juzga
adecuados a su propósito, y éstos, tanto para un agnóstico como para
otros hombres, pertenecen a un reino que no es el de la razón, aunque en
modo alguno sea contrario al mismo. El reino a que me refiero es el de
la emoción y el sentimiento y el deseo.

¿CONSIDERA USTED A TODAS LAS RELIGIONES COMO FORMAS DE SUPERSTICIÓN O DE
DOGMA? ¿A CUAL DE LAS RELIGIONES EXISTENTES RESPETA USTED MÁS Y POR QUÉ?
Todas las grandes religiones organizadas que han dominado a grandes
poblaciones, han implicado una cantidad mayor o menor de dogma; pero
“religión” es una palabra cuyo significado no es muy concreto. Al
confucionismo, por ejemplo, podría aplicársele el nombre de religión,
aunque no implique ningún dogma. Y, en algunas formas del cristianismo
liberal, el factor dogmático queda reducido al mínimo.

De las grandes religiones de la historia, prefiero al budismo,
especialmente en sus formas primitivas, porque tuvo el elemento más
mínimo de persecución.

EL COMUNISMO, COMO EL AGNOSTICISMO, SE OPONE LA RELIGIÓN. ¿SON
COMUNISTAS LOS AGNÓSTICOS?
El comunismo no se opone a la religión. Meramente se opone a la religión
cristiana, lo mismo que hace el mahometismo. El comunismo, al menos en
la forma preconizada por el gobierno soviético y el Partido Comunista,
es un nuevo sistema dogmático de una clase singularmente virulenta y
persecutoria. Por lo tanto, todo agnóstico verdadero debe oponerse a él.

¿CREEN LOS AGNÓSTICOS QUE LA CIENCIA Y LA RELIGIÓN SON IMPOSIBLES DE
RECONCILIAR?
La pregunta se remite a lo que se entiende por “religión”. Si
“religión”, significa meramente un sistema de ética, puede reconciliarse
con la ciencia. Si significa un sistema basado en el dogma, considerado
como incuestionablemente verdadero, entonces es incompatible con el
espíritu científico, que rehúsa aceptar cuestiones de hecho sin pruebas,
y también sostiene que la completa certidumbre será difícilmente
asequible jamás.

¿QUÉ CLASE DE PRUEBA LE CONVENCERÍA DE LA EXISTENCIA DE DIOS?
Creo que si oyese una voz procedente del cielo, que predijera todo lo
que iba a sucederme en el curso de las veinticuatro horas siguientes,
incluyendo acontecimientos que hubieran parecido sumamente improbables,
y si luego tuvieran lugar todos esos acontecimientos, quizá me
convencería, al menos, de la existencia de alguna inteligencia
sobrehumana. Puedo imaginarme otras pruebas de la misma índole que
podrían convencerme, pero, que yo sepa, tales pruebas no existen.
por Bertrand Russell*

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